En estos días, desde el Servicio de Vías y Obras se está procediendo a la colocación de la cruz de granito que en su día estaba ubicada en la zona del Palacio de Congresos. Se quitó para hacer la obra del citado edificio y una vez que ha terminado la misma y se ha acondicionado toda la zona; vuelve a ubicarse allí. No en el mismo enclave, pero sí en una zona muy próxima en ese cruce de caminos que supone la carretera de La Coronada conexión con la rotonda de las avenidas Puerta de la Serena y Adolfo Suárez; uno de los accesos más importantes a nuestra ciudad.
Esta cruz, como recuerda el Cronista Oficial Antonio Barrantes, es una de las tres de nuestra ciudad. En concreto esta, fue la que había en la Puerta de la Villa, que en su día estaba en las actuales Pasaderas. Una cruz que cambió de sitio, señala el Cronista, cuando la presión demográfica exigía romper las murallas que constreñían su crecimiento. Por esta razón, el monumento fue desplazándose hacia el este de la ciudad, “hasta el cruce de los caminos de Guadalupe y Campanario, según dejó escrito Jesús García Trujillo, aunque Muñoz Gallardo nos dice que se trasladó desde la Puerta de la Villa al sitio del “Pozo Viejo”, a la izquierda de la carretera que nos lleva a La Coronada”. Las otras dos cruces son las de Torrentero, próxima a Los Pinos, y la que preside el parque de Cruz del Río.
Por lo que respecta a las características de esta cruz, Barrantes expresa que es sencilla, de poco ornato, con fuste de mármol blanco y fue colocada en ese lugar, a la salida de Villanueva dirección a La Coronada, a principios del siglo XX. Se hizo con motivo de la Encíclica de León XIII que dedicaba el siglo a Cristo Rey e invitaba a levantar cruces en todas las poblaciones. La Cruz con posteriores retoques de los talleres Pineda, afamados forjadores de la ciudad, ha llegado hasta nosotros, destaca el Cronista, y vuelve a estar prácticamente en el lugar donde muchos villanovenses la recuerdan.
